Pet parent con su mascota
💛 Historias reales · Pet parents Colombia

La vida cambia cuando
llega alguien con patas

Colombianos que encontraron compañía, propósito y sanación gracias a sus mascotas. Adopciones, rescates y lazos que nadie esperaba.

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Valentina y Bono

"Bono llegó cuando yo ya no quería salir de la cama"

Llevaba ocho meses con depresión clínica cuando mi psiquiatra me sugirió, casi como último recurso, adoptar. Yo me resistí. No tenía energía ni para ducharme. Pero Bono llegó y todo cambió.

Camilo y Negra

"La recogí del andén a las 2am. Ese fue el mejor error de mi vida"

Iba a una fiesta cuando la vi: flaca, mojada, con una pata lastimada. Pensé que sería temporal. Eso fue hace tres años. Negra duerme en mi cama todas las noches y me ha enseñado más sobre la lealtad que cualquier persona.

Lucía y Canela

"Perdí a mi mamá y a los 6 meses Canela llegó a llenar ese silencio"

El duelo me dejó en una casa vacía que antes era ruidosa. Mi terapeuta dijo algo que no entendí al principio: "necesitas algo a quien cuidar". Nunca había tenido un gato. Canela fue la primera.

Andrés y Thor

"Compré a Thor y sin querer empecé a sanar mi ansiedad social"

Trabajaba desde casa, casi no salía y mis ataques de pánico iban en aumento. Thor me obligó a salir al parque dos veces al día. No había escapatoria. Y en esos paseos conocí al barrio, a los vecinos, a mí mismo.

Sara y Mango

"Adoptamos a Mango con toda la familia y nos unió de una manera que no esperábamos"

Mis papás llevaban años en tensión después de que mi hermano tuvo problemas con drogas. Mango llegó como una distracción y se convirtió en el pegamento de una familia que estaba a punto de romperse.

Miguel y Rocco

"Juré que nunca volvería a tener perro. Entonces llegó Rocco"

Cuando murió mi perro de 14 años juré que el dolor era demasiado. Que no podía volver a querer así. Pasaron dos años y una fundación me llamó por un cachorro abandonado. Mis amigos dicen que Rocco se parece a él.

Valentina y Bono
Salud mental · Adopción

"Bono llegó cuando yo ya no quería salir de la cama"

Por Valentina Ríos · Medellín · Golden Retriever

Llevaba ocho meses con depresión clínica. Los días se mezclaban entre sí y yo no veía ninguna diferencia entre el martes y el domingo. Mi psiquiatra me había cambiado el medicamento tres veces y yo seguía sin poder levantarme antes del mediodía.

Fue ella quien lo sugirió. "¿Has pensado en adoptar una mascota?" Me pareció ridículo. No tenía energía ni para lavarme los dientes, ¿iba a hacerme cargo de un ser vivo?

Pero mi mamá se ofreció a ayudar. Fuimos a una fundación en Envigado y ahí estaba Bono: un golden de 2 años que había sido devuelto dos veces porque era "muy intenso". Le pusieron el hocico en mi cara y no movió la cola, solo me miró. Como si ya supiera.

La primera semana fue dura. Bono ladraba, quería salir, necesitaba atención. Y yo me vi obligada a levantarme. No por mí, sino por él. Eso fue todo lo que necesitaba: una razón pequeña, concreta, peluda.

A los tres meses ya caminábamos 40 minutos en la mañana. Empecé a ver a los vecinos, a saludar. Bono me forzó a estar presente de una manera que ninguna terapia había logrado. No es que él me "curó" — eso sería injusto con mi proceso — pero fue el ancla que necesitaba para no seguir hundiéndome.

Hoy tiene 4 años y duerme a mis pies. Algunos días todavía son difíciles. Pero nunca son tan solos.

Camilo y Negra
Rescate callejero

"La recogí del andén a las 2am. Ese fue el mejor error de mi vida"

Por Camilo Herrera · Bogotá · Mestiza rescatada

Era un miércoles. Salía de una reunión con amigos en La Macarena y la vi en la esquina de la 66 con séptima: flaca, mojada, temblando, con la pata trasera izquierda en mala posición. No ladraba. Solo me miraba.

Tomé una decisión estúpida — o eso pensé en ese momento — y la metí al carro. No tenía cómo llevarla al veterinario a las 2am así que la puse en una caja de cartón con una cobija vieja y la dejé en mi apartamento.

Al otro día el vet me dijo que tenía una fractura en proceso de sanar sola, desnutrición moderada y hongos en la piel. "Pero va a estar bien." Esas palabras me costaron casi 800 mil pesos que yo no tenía.

Al principio el plan era encontrarle hogar. Hice el post de Instagram, la gente lo compartió, pero cada vez que alguien preguntaba yo ponía condiciones imposibles. Mi mejor amigo me dijo: "Parcero, ya es tuya." Tenía razón.

Negra — la llamé así porque llegó de noche — me cambió los horarios, la rutina y la perspectiva. Tengo que llegar a casa. Tengo que estar presente. Tengo que ser constante. Ella confía en mí de una manera que me parece inmerecida todavía.

Tres años después, la pata está perfecta. Y yo soy mejor persona de lo que era antes de aquella noche.

Lucía y Canela
Duelo

"Perdí a mi mamá y a los 6 meses Canela llegó a llenar ese silencio"

Por Lucía Martínez · Cali · Gata persa

Mi mamá murió en octubre del 2023 después de dos años de cáncer. Yo había sido su cuidadora principal y cuando ella se fue, de repente no supe qué hacer con el silencio. La casa olía a ella y yo no sabía si eso era un regalo o un tormento.

Mi terapeuta me dijo algo que al principio me pareció muy simple: "Necesitas algo a quien cuidar". Yo le respondí que acababa de pasar dos años cuidando a alguien y que estaba agotada. Ella sonrió: "Este sería diferente."

Canela llegó por una amiga que trabajaba en una perrera. Gata persa de tres años, asustadiza, con el pelo enredado por el abandono. Los primeros días se escondió detrás del sofá. Yo le dejaba agua y comida y me iba a sentar a leer cerca.

Una noche, sin que yo hiciera nada, Canela saltó a la cama y se acostó en el lugar donde dormía mi mamá. Lloré como no había llorado desde el funeral. No de tristeza — o no solo eso — sino de algo que no sé nombrar bien. Alivio, quizás.

No creo que las mascotas reemplacen a las personas. Canela no es mi mamá. Pero ocupa el espacio del cuidado de una manera que me mantiene anclada. Cuando la cepillo, cuando le pongo la comida caliente, cuando la escucho ronronear, estoy presente. Y eso, en el duelo, es mucho.

Andrés y Thor
Ansiedad social

"Compré a Thor y sin querer empecé a sanar mi ansiedad social"

Por Andrés Gómez · Barranquilla · Labrador

Soy desarrollador de software. Trabajo desde casa desde el 2020. Lo que empezó como comodidad se fue convirtiendo en algo más parecido al aislamiento. Los días pasaban sin que yo hablara con nadie, salvo por Slack o videollamadas con la cara apagada.

Los ataques de pánico llegaron primero en el supermercado. Después en el banco. Después en la calle. Empecé a evitar todo lo que fuera "innecesario" salir. Para el 2022 casi no salía.

Thor llegó porque mi novia me lo regaló por mi cumpleaños. Un labrador negro de 8 semanas con las patas más grandes que jamás había visto. Yo no quería un perro. Le dije que estaba loco para un perro. Pero Thor ya estaba ahí.

Los primeros paseos eran cortos y temprano, cuando nadie salía. Pero Thor era curioso, quería seguir, explorar. Me jalaba. Y yo lo seguía porque no había de otra. Poco a poco los paseos se hicieron más largos y en horas donde había más gente.

La cosa con un perro es que la gente te habla. No te pregunta si estás bien, no te mira raro: te habla del perro. "¿Cómo se llama? ¿Cuántos meses tiene? ¿Muerde?" Y en esa conversación pequeña e inocente yo aprendí a estar de nuevo entre personas.

Sigo en terapia. Sigo trabajando en la ansiedad. Pero Thor fue el primer paso que di hacia afuera en dos años. A veces el primer paso lo da alguien con cuatro patas.

Sara y Mango
Adopción · Familia

"Adoptamos a Mango con toda la familia y nos unió de una manera que no esperábamos"

Por Sara Ospina · Pereira · Beagle rescatado

Mi familia llevaba dos años en un silencio tenso. Mi hermano menor había pasado por un proceso duro con consumo de drogas y aunque ya estaba en recuperación, la confianza en casa estaba rota. Mis papás no sabían cómo hablar entre ellos sin que terminara en discusión.

La idea de adoptar surgió de mi hermano, curiosamente. Como parte de su proceso terapéutico, su psicólogo le había sugerido cuidar de algo. Propuso un perro. Mis papás dijeron que no. Luego dijeron que sí.

Mango era un beagle de un año que había sido rescatado de un criadero ilegal en el eje cafetero. Llegó desconfiado, con los ojos siempre alerta. Pero se adaptó rápido — los beagles son así.

Lo que nadie esperaba era lo que Mango le haría a mi familia. Mi papá, que era de pocas palabras, empezó a hablarle al perro en voz alta. Mi mamá y él coordinaban quién lo sacaba en la tarde. Mi hermano asumió el entrenamiento con una disciplina que no le habíamos visto en años.

Mango se convirtió en el tema seguro. El tema del que todos podían hablar sin que doliera. Y desde ahí, despacio, se abrieron los otros temas también.

No sé si fue el perro o el tiempo. Probablemente las dos cosas. Pero Mango está en el centro de lo que hoy es una familia que volvió a comer junta los domingos.

Miguel y Rocco
Duelo · Mascota anterior

"Juré que nunca volvería a tener perro. Entonces llegó Rocco"

Por Miguel Ángel Parra · Manizales · French Bulldog

Tuve a Rex por 14 años. Desde los 18 hasta los 32, toda mi vida adulta joven. Estaba cuando me fui a la universidad, cuando me gradué, cuando tuve mi primera relación seria, cuando me dejaron, cuando volví a intentarlo. Era mi constante.

Cuando murió, en junio del 2021, sencillamente no funcioné. Mis amigos no entendían del todo — "era un perro" dijeron algunos, con la mejor intención. Pero el duelo por una mascota es real y yo tardé meses en poder ver fotos suyas sin llorar.

Juré que no volvería a tener perro. El amor era demasiado costoso. No quería volver a pasar por eso.

Dieciocho meses después, una fundación de Manizales me llamó. Alguien les había dado mi número como posible adoptante años atrás y tenían un French Bulldog de 6 meses que no encontraba hogar por su color — atigrado, poco "comercial". La llamada fue un lunes. El martes fui a verlo.

Rocco no se parece a Rex en casi nada. Rex era un labrador enorme, desastroso y bravucón. Rocco es pequeño, serio, dramático. Pero cuando me miró esa primera vez con esa cara de bulldog arrugado, sentí algo que no había sentido en año y medio.

Mis amigos dicen que Rocco tiene algo de Rex en los ojos. Yo no sé si es verdad o si simplemente quiero verlo. Pero tampoco importa. Lo que importa es que volví a querer. Y eso, después de todo, es lo que nos salva.

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